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Mostrando entradas de febrero, 2012

Payasos sin disfraz

Viven sin sueños, lloran, desayunan[...]
son seres que confunden vida y paso,
y crecen sin saber que el cielo puede ser blanco.


Y cierran las ventanas y embetunan
sus caras y sus cuerpos con un poco de polvo blanco,
con cremas y defensas de colores,
para que el resto vea sus brazos.


Esos payasos que tocas y con una mirada te apuntan,
se ríen junto a ti, siempre y cuando
no les mantengas la vista muy alto.


Todo mundo sonríe, sin saber que ellos,
en el fondo, a su corazón reprimen, 
porque la vida les ha robado
la gracia de sonreír a tu lado.

Parar el tiempo

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Detenernos para poder contemplar que nuestros pasos siguen, aunque nuestra esencia esté aquí[...] sola y en paz.

Los caminos andados sólo son apreciados por aquellos que dejaron una parte de sí en ellos, el resto... sólo son recuerdos.

¿Para el tiempo para remediar? El tiempo no se detiene, no si logras encontrar aquello que no pides, pero tu mente no deja de llamar.

Una mirada

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Una mirada, una sola mirada es suficiente para cambiar una vida...

Nada que puedas esperar, nada que puedas aportar, sólo contemplar y ya.

Esa mirada, acompañada de un suspiro, es más fuerte que un terremoto en Chile... es tan fresca como la brisa de San Francisco... es tan fuerte como la pirámide del sol.

Pero sobre todo, una simple mirada es tan reveladora que puede cambiar tu mundo, mucho más allá de como lo hizo el mago de Oz...


Indefensa Ramit

Destrozada quedó, a los pies de su madre, la indefensa Ramit, su mente no soportó, la pérdida del último de sus padres.

Días atrás creyó, que el dolor había superado, tras la trágica muerte de su padre, su corazón fue despedazado.

La agonía y el amor de su madre, la ayudaron a seguir, remendando su interior con el sentimiento de ser grande.

Pero ahora la vida le ha robado, la ilusión que le daba su madre, arrancándole de la vista, lo que ella creía que era ser grande.

Nadie está a su lado; ella llora sin control; a los pies de su madre, se dio cuenta que su niñez, nunca la abandonó...

Pequeño Rombi

El pequeño Rombi, desde su caja observaba, con gran cautela cazaba, cada uno de los actos que la familia Nayed marcaba en su seno familiar.

Cada día era un sueño, una ilusión de ser uno de ellos y dejar de estar hundido, en el fondo de ese cartón viejo.

Larga fue su espera, pues su cuerpo no fue bello... y en esta falsa sociedad, mentirse, no es algo nuevo.
Ese aroma de lluvia, que en mi mente recala, me arranca un suspiro... desde lo más hondo de mis entrañas.