Y un día, agarró todos sus sueños, sentimientos y alegrías y los metió en un baúl; lo cerró con un candado y lo escondió donde nadie pudiera hallarlo.
Al final, decidió recorrer el mundo enfrentando cada situación con bravura...
Y un día, agarró todos sus sueños, sentimientos y alegrías y los metió en un baúl; lo cerró con un candado y lo escondió donde nadie pudiera hallarlo.
Al final, decidió recorrer el mundo enfrentando cada situación con bravura...
Buscando una respuesta que me permita seguir adelante, que me de la información para poder contestar hacia dónde voy, encontré un camino ambiguo y desolado, donde el olvido ya había posado sus brazos.
Pedazos de recuerdos, memorias olvidadas, restos de lo que una vez fue un mundo que parecía perfecto. La neblina lo cubre todo, pero se siente la tristeza del pasado.
Una luz ilumina la silueta de las ruinas de una puerta, dejando ver los vestigios de grandeza.
El roce de la piel de tus labios sobre la piel de los míos es tan suave que me hace sentir el aire que se nos cuela por las comisuras.
Ese roce fugaz es tan adictivo que ya no lo puedo dejar de recordar. A cada momento cierro los ojos e imagino que tu aliento corre por mi cuello.
Sin dejar de recordar y sentir, sonrío como un chiquillo en la espera de su caramelo tan deseado, rogándole al cielo que te lleve la sensación que de mi mente a mis labios se ha colado.
Esperando una llovizna que despeje mi mirada y me permita contemplar la infinita belleza de las figuras plantadas en mi camino.
Figuras de barro, de sal y de encanto que, estando inmóviles y siendo frágiles, retan a las fuerzas del viento a moverlas un milímetro hacia el centro.
Nada se compara con admirar la belleza de la creación... sólo el hecho de, con las yemas de los dedos, rozar su contorno hasta perder el control.
Como fruto de una noche de juerga, donde diferentes sustancias invaden mi cerebro, las sensaciones que sea apoderan de mi mente me generan una descarga de endorfinas que me llevan a perderme en un torbellino de de sensaciones de placer.
Con la brisa azotando mi cara y el aleteo de las golondrinas en el fondo, los poros de mi cuerpo se abren para dejar entrar cada elemento del puerto.
Azul turquesa hasta el infinito; velas que se mueven al vaivén de las olas; olores exquisitos inundan mi olfato, dejando que mis manos recorran tu silueta imaginaria.
Como un grito en la oscuridad, un rayo ilumina cielo y se electrifica el momento, dando paso a una maquinaria que existe desde el inicio de los tiempos.
Sin más remedio que seguir con la mirada los acontecimientos de mi mesa, como si de ello dependiera mi destino.
Movimientos suaves pero constantes que aromatizan mi pensar, dejando de lado los miedos que una vez tu me supiste enseñar.
¿Qué más remedio tiene esta situación?, ¿hasta dónde he de llegar? Sólo puedo detenerme y, en lugar de pensar... ha llegado el momento de actuar.
Detrás del tiempo, oculto tras una cortina de olvido, se encuentra un ser vivo esperando por completar su sueño. Nadie lo previno, todos pasaban a su lado mirándolo con lástima, observando indiferentes mientras si cuerpecito crecía en un mundo sin sueños.
El tiempo transcurre y puede ser cruel; la vida puede traer sorpresas y crear escenarios... como espejismos en el desierto.
Pero hay seres que vienen a sufrir y su destino nunca cambiará, pero a pesar de que todos lo sabían, nadie se lo hizo notar; fue por eso que su corazón se llenó de falso amor y grandes ilusiones, nublando su vista ante la tormenta que crecía.
La sensación cobra vida, lo perciben cada uno de los poros de mi piel. El aire ha cambiado y se vuelve más frío, permitiéndome ver mi respiración condensada.
De entre las sombras sale un chidillo; un sonido imperceptible pero que adorna el ambiente, dándole un toque sepulcral a lo que queda del atardecer de verano.
No es algo nuevo, nunca lo fue, pero ahora surge como epifanía en la noche estrellada, trayendo consigo pedazos de un pasado olvidado.
Porque si en algo somos expertos, es en bloquear el pasado...
Con un ruidoso tic tac, el tiempo se mete en mi mente, degradando mis pensamientos y reforzando mi capacidad de olvidar.
El olvido, tan amigo del tiempo, sólo busca desencadenarme de los restos de un recuerdo.
Esa generosidad de la vida, no tiene forma de agradecerlo.
Te esperé tanto, que mis pies se quebraron como el lecho de un lago seco.
Mi mente se dio cuenta que las horas que te dediqué, fueron lo mejor para hacerme entender que la felicidad no llega a los árboles secos, mucho menos a un ser congelado en el tiempo.
Pero al caminar miré hacia atrás... y descubrí que mi corazón aun te esperaba.
Tan fácil que es decir no, tan sencillo que es dar el cortón. Al final te faltó valor y coraje, te faltaron agallas para vivir la crisis que tú mismo creaste.
Ahora vienes con tus lágrimas de cocodrilo a pedir perdón, a decir que todo ha cambiado y que tú eres mi gran amor...
Un amor de sal, que llega a mi corazón herido y lo hace saltar; estremecerse de dolor con tus mentiras y tu falta de humildad, porque si tú me quisieras, me dejarías en paz y te irías con tu querida a contarle historias de fantasía...