cuando tus manos se posan en mi cuerpo, un volcán se enciende en mi interior.
Un vendaval recorre mi cabeza,
enredando los cabellos que nunca estuvieron quietos.
Tocado por el silencio,
el sueño se adorna con susurro y duermes en infinita paz.
Como siempre; como todos los días de mi vida, llego un tiempo después de la hora citada.
Ese pasillo largo, en donde se escuchan mis pasos apresurados, pinta mi sombra cuando me muevo hacia adelante.
Con la maleta arrastras, busco el andén tan esperado.
He llegado tarde; tarde como siempre... pero, pero esta vez, sólo perdí unos minutos no tan valiosos de mi vida.
Casi sonriendo, mi tren de la felicidad espera ansioso por mi.
Palabras encerradas; anhelos capturados y guardados en un baúl de papel. Pequeño ejército entrenado para atacar a la menor provocación.
El entrenamiento fue arduo; el único objetivo en mente, decirte lo que por ti siento...
Nada arrastrado por el viento; todo fríamente calculado y preparado para llegar a su objetivo.
Por más planes que haya en las tácticas, no siempre se logra el objetivo.
Como kamikazes fracasados, la muerte llegó sin haber alcanzado su objetivo...
Sin prisas, en slow motion, las gotas de lluvia inundan el ambiente; humedecen el aire, haciendo que los pulmones de llenen del aroma de los bosques.
Pensando que estás en casa, cierras los ojos y te dejas llevar.
En una ciudad que nunca duerme, los sueños son una utopía difícil de encontrar.
Cuando el aire impregna tu cuerpo, te das cuenta que son suspiros de personas que ha venido e ido a tu alrededor, dejando recuerdos, a manera de ropa.
Y a veces miro al cielo esperando encontrar respuestas.
En ese inmenso vacío, ya no queda nada...
Larga fue la espera... el resultado fue ilusorio[.]
Con la mirada clavada hacia arriba, observo pasar las estrellas...
Mariposas blancas que con sus alas desprenden magia a tu alrededor. Despeinan tu cabello, como si fueran la brisa del mar.
Su delicadeza descansa en lo fijo de tu mirada; acto solemne de seguridad.
Cierra los ojos y sonríe al sol, la alegría no se demuestra si tus labios están serios. La alegría brilla en los suspiros que se esconden en el tiempo.