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Mostrando entradas de agosto, 2012

En la pared

Cuando el camino se trunca, cuando parece que todo cae al abismo y no hay forma de continuar, es cuando descubres el sendero escondido, que te ayudará a pasar. La verdad, no es una parte en la cual puedas correr ni salir de la mejor forma, pero te ayudará a llegar al otro lado.

Esas rocas puntiagudas, rasgaran las palmas de tus manos; te harán sentir la dureza de la tierra surcando cada una de las líneas de tu mano, adhiriéndose a tu piel, para después desprenderse con rapidez, dejando una mancha roja que te invita a no dejarla de mirar.

El dolor que sientes, no se compara con la majestuosidad de poder estar más allá, más allá de donde el sol se pone, en donde tu mente ya no pueda recordar más.

Los cambios surgen y te invitan a que debas de participar en los bailes de la vida, donde nadie... ha dejado de danzar.

El volcán

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Con un ruido estremecedor, mi sueño fue interrumpido; así como se despierta un niño a media noche perturbado por los seres oscuros de sus miedos más terribles, así fue ese crudo despertar.

Ante dicha situación, sólo pude respirar y tratar de buscar "algo" en la oscuridad que rodeaba la habitación, en la cuál nadie más debería de estar.

Soñaba con que estuvieras, pero los sueños no siempre son deseos, es por eso que ese crudo despertar tuvo un golpe en mi cerebro, dejándome en shock por un breve, pero casi eterno momento.

La realidad puede ser bella, pero puede ser tan peligrosa, como el volcán que se creía dormido, hasta que se le ve despierto.

Todo fue una erupción en la oscuridad, una incandescencia de luces y calor, que, aunque han pasado los minutos, no logro calmar para ese sueño volver a tomar.


Sopla

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Un susurro que me erice la piel;
un suspiro que me prenda hasta la punta de cada cabello en mi cabeza.
Un aroma cálido que me diga te amo, acompañado de un silencio mortal
provocado por un dulce, inocente, pero no tan quieto beso.

Esa caricia que imaginas, es la que me provoca a pensar un poco más allá...
la que me hace esconderme entre las sábanas, para tu cuerpo buscar;
que me encierren por matarte de cosquillas, acepto toda esa culpabilidad,
porque aunque me digas que pare, mis dedos se van a pasear por todo tu cuerpo.


Un poco nada más...

Una mezcla de palabras derivadas y entrelazadas que nos llevan a un conjunto de caricias, de señas y de un lenguaje no verbal en el que no dices muchas cosas, pero entiendo una eternidad.

Un poco nada más de tu silencio, no quiero pasar tanto tiempo analizando lo que me estás a punto de hacer... rompe cada segundo con el estruendo de un beso tuyo.

Un beso que me lleve al cielo, pero que no me traiga de regreso, porque, estando allá, ¿por qué no aprovechar para tu cuerpo estrechar y así poder tu cuerpo bajar a este paraíso terrenal?