Sin pensar en algo más allá, te asomaste a mi vida. Te quedaste grabado en mi mente por un instante.

No se si fue tu sonrisa pícara o tu mirada conservadora lo que me cautivó.

Sin saber que tanto de lo que decías era verdad o sólo querías quedar bien conmigo, decidí optar por seguirte el juego. Juego peligroso que jugamos... ese juego en donde las palabras sujetaron más que las cadenas.

El brillo de tus ojos y lo atrevido de tus besos encendieron la mecha que lanzó chispas al cielo desde mi mente.

Entre palabras y verdades, tu sinceridad me fue ganando. Tu manera de decir las cosas y expresar lo que sientes me hizo volar... estando siempre sobre la tierra.

Nunca estuvimos tan lejos, sólo estuvimos sacándonos la vuelta. Cuando se tiene el hilo rojo, sólo hay que desenrredarlo y darle un toque de optimismo y alegría.

Que las palabras nunca dejen de fluir y los secretos nos mantengan unidos; que siga habiendo aventuras y lazos irrompibles entre tú y yo y todos los que nos rodean.

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