En el tren de media noche van libres los recuerdos de un amor perdido que se consumió por dentro. Bailando en la oscuridad, como fantasma al acecho, saludan a su portador y corren a esconderse detrás de un asiento.
Granujas de la vida, amenazan a la felicidad de la cabina, que con la experiencia de la vida, no ha parado de ser la maquinista.
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